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La reincidencia no es un concepto de reciente aparición al interior de los ámbitos legales o criminológicos, no obstante, en las últimas décadas ha ganado mayor prominencia instalándose progresivamente en el discurso de las autoridades políticas y en la opinión pública general (Payne, 2007; Richards, 2011a).

Los pueblos más antiguos o menos civilizados desconocían a menudo la reincidencia, no sólo porque la pena de muerte era normalmente aplicada, sino también por la casi imposibilidad de reconocer, cuando no se castigaba con dicha pena, a los sujetos precedentemente sancionados. Esta última dificultad fue soslayada en muchos pueblos mediante marcas o mutilaciones corporales realizadas sobre el delincuente. Hoy, como sabemos, tal medio de identificación y reconocimiento de criminales viene perfectamente sustituido por los llamados “Registros penales“.

Imprisoned

No obstante, desde casi los comienzos de la historia la reincidencia ha sido prevista y sancionada en sentido muy semejante al actual.

Etimológicamente el término reincidir estaría compuesto por el verbo latino ‘incidere’, que significa ‘caer en’, y por el prefijo ‘re’ cuyo significado podría ser comprendido como ‘otra vez’, por lo que el significado del término re-incidir sería interpretable como ‘volver a caer en’.

Al hablar de la delincuencia y del comportamiento delictivo nos vemos obligados a reflexionar sobre el momento evolutivo en que este comportamiento tiene lugar. Es sabido que las infracciones cometidas por los individuos a corta edad, y que en principio no se le otorga demasiada importancia, implican en muchos casos el inicio y desarrollo de actividades delictivas futuras en la vida adulta. Así, es de señalar que el comportamiento anti-normativo que ocurre antes de los 15 años predice significativamente la conducta delictiva en la edad adulta.

Con ello no se trata de decir que un menor que comete un acto que podríamos catalogar como grave, con toda probabilidad, vaya a reincidir en este comportamiento en el futuro, pues aproximadamente el 90% de los casos constituyen actos aislados, que podríamos clasificar como primarios. De este modo podemos hablar de una inadaptación transitoria, fruto de una separación natural del menor de sus ámbitos primarios de socialización.

En esta realidad hay que tener presente la vulnerabilidad del período adolescente – como época de cambios rápidos en el desarrollo físico, mental, emocional y social – en el inicio y experimentación de diferentes conductas de riesgo que sí podría repetirse en edades posteriores. Existen investigaciones que apuntan una alta vulnerabilidad  de estos niños en edades más tempranas, hablando ya los autores de conducta inadaptada como incapaz de aceptar las normas sociales de un contexto social, lo que se caracteriza por un comportamiento egocéntrico referido en una baja competencia social.

El tipo de infracciones más habitual en los primeros años, además del consumo de alcohol, suelen dirigirse contra la propiedad, peleas y vandalismo (Fernández, Bartolomé, Rechea y Megías, 2009; Moral y Ovejero, 2005); en la medida que evolucionan, y dejan de ser casos aislados, aumentará la gravedad de la conducta antisocial y evolucionará hacia el delito. Es decir, se produce un cambio en el patrón de la conducta inadaptada, manifestándose hacia las personas como los iguales o incluso  miembros del ámbito familiar, o también contra la salud pública. Los últimos datos que tenemos en España en relación a la tipología delictiva en los menores infractores refieren que los delitos más frecuentes por el que fueron detenidos son robos y lesiones, siendo en su mayoría condenados por solo una infracción penal (Contreras, Molina y Cano, 2011; Ortega, García y Vergara, 2011). Por otro lado, dentro de la clasificación del comportamiento delictivo entre los delincuentes que han ingresado en prisión. (Pérez, Gutiérrez, Rodríguez, Herrero y Bringas, 2007) ponen de manifiesto que los delitos más violentos son los que se ejercen contra las personas y el patrimonio, siendo los delitos característicos contra la salud pública aquellos que refieren mayoritariamente ausencia de violencia. Estos delincuentes se caracterizan además por una experiencia temprana en la realización de sus actos delictivos y la reincidencia (Kazdin y Buela-Casal, 1994; Nunes y Jôlluskin, 2008).

Si tenemos en cuenta la línea de actuación de estos actos podemos, de acuerdo con Musitu, Moreno y Murgui (2007), tomar en consideración dos perspectivas: Una trayectoria transitoria, propia de aquellos sujetos que cometen actividades delictivas de manera puntual o aislada – la conducta infractora está vinculada al desarrollo y se relaciona particularmente dentro del ámbito familiar y escolar (Eccles, Midgle, Wigifield, Buchanan y Reuman, 1993) – y una trayectoria persistente, más característica de los individuos que reinciden en sus acciones transgresoras – se refieren a características biológicas, psicológicas y sociales desde corta edad, siendo estables a lo largo de la vida con el consiguiente deterioro de ajuste personal; se inicia pronto en el cometido de actos infractores, que serán importantes tanto a nivel cuantitativo como cualitativo (Howell, 2003; Redondo y Pueyo, 2007) -. Igualmente, el inicio de la carrera delictiva en el período adolescente vendría también avalado desde la teoría de Farrington (1996), que explica el proceso por el que los jóvenes se inician en este tipo de actos por el deseo de experimentar emociones diversas, así como su necesidad de obtener determinados beneficios, tanto económicos como materiales.

Es importante relacionar la reincidencia o el número de ingresos penitenciarios con la edad en la cual la conducta antisocial tiene lugar, en tanto poder predecir la consolidación del comportamiento delictivo (Farrington, 2002; Valverde, 1991), al mismo tiempo que conocer la historia delictiva – diferentes momentos en los que realizan sus actividades transgresoras-, que en función del período en el que se encuentre el penado adquirirán una mayor o menor importancia, al mismo tiempo que ayudará a predecir la reincidencia de sus acciones.

Sin importar en qué contexto social o cultural nos encontremos, la delincuencia es un tema de importancia transversal debido al impacto que este fenómeno tiene en la convivencia y el bienestar social. Desde que el hombre es hombre el comportamiento antinormativo a resultado intrigante para las ciencias sociales y en particular para la psicología social, disciplina desde la que han surgido numerosos modelos explicativos del mismo. Uno de los aspectos más interesantes de esta problemática es la reincidencia delictual o delictiva, es decir, qué lleva a una persona que ha sido detenida por un delito y que ha debido cumplir una condena, a volver a cometer actos similares (Código Penal, 2002, art. 494 bis, inciso 4) La reincidencia delictiva se ha mostrado como un problema complejo que requiere del abordaje de una multitud de factores explicativos dentro de los cuales podemos mencionar la disfuncionalidad familiar, la deserción escolar, la cesantía y la existencia de subculturas. La gran cantidad de información recogida en estudios sobre esta temática ha permitido el desarrollo de programas interdisciplinarios orientados al logro de lo que ha sido llamado la “reinserción social” o la “rehabilitación”.

Respecto de las causas que se asocian a la reincidencia delictiva y que también han sido mencionadas como causas de la delincuencia, tenemos:

a) La exclusión social que sufren aquellos que tienen antecedentes delictuales. Aunque hayan recibido capacitación durante el cumplimiento de su condena, al volver enfrentan cesantía y marginación prolongada lo que no sólo impide la reinserción sino que potencia el surgimiento de sentimientos de frustración que favorecen la aparición de comportamientos violentos y otros delitos asociados.

b) La baja competitividad debida al abandono escolar temprano que determinan dificultades importantes al momento de buscar una inserción laboral digna.

c) Un ambiente familiar disfuncional, muchas veces violento, que se acompaña de pautas de interrelación inadecuadas dificultando el desarrollo de habilidades sociales asociadas a valores sociales de convivencia, comunicación, formas de resolver y enfrentar los conflictos y baja tolerancia a la frustración. Cuando una persona abandona el centro penitenciario vuelve a los patrones conocidos de comportamiento familiar.

d) Ruptura del vínculo social, redes sociales más frágiles en la que las personas no pueden apoyarse con eficacia, o por el contrario, un vínculo social fuerte asociado a una subcultura delincuente que castiga los intentos de aculturación de sus miembros.

e) La cultura de la violencia y del consumismo: Reflejada en la televisión, juegos y deportes.Reincidencia

Los factores anteriores se encuentran, además, con algunas causas institucionales que estimulan la conducta delictiva y que se asocian a la inadecuación o ineficacia del sistema de justicia penal y los pobres instrumentos de rehabilitación con que cuenta el medio cerrado (Cooper, 1994)

El problema de la reincidencia es relevante tanto por su significación social como por su magnitud. A pesar de los esfuerzos desarrollados en lo que han sido llamados “programas de rehabilitación”, las tazas de reincidencia aumentan en el tiempo. El mensaje parece ser que romper con el ciclo delictivo requiere más que una intervención social que apunte a las causas conocidas de la delincuencia y que parece ser el momento de a
poyar a este proceso a través de la comprensión del fenómeno desde una perspectiva identitaria. Según Cooper (2007), el 72% de los niños privados de libertad se percibe a sí mismo como un ladrón verdadero. Esto no sólo significa que se proyectan hacia el futuro a partir de esta au-todefinición sino que su identidad social se encuentra determinada por la pertenencia a este grupo social.

La investigación mediante estudios que intentan en medida alguna paliar el alto nivel de reincidencia que existe a día de hoy, sigue avanzando aunque, los datos reales se alejen de la perspectiva que dichos estudios quieran conseguir. Algunos ejemplos que lo demuestran son:

Investigación de la Universidad Jaume I

Según el estudio realizado por la Universitat Jaume I pretende comprobar la capacidad del Inventario para la Gestión e Intervención paraJóvenes (IGI-J) de Hoge y Andrews (2002), para predecir la reincidencia entre los jóvenes delincuentes según los factores de riesgo que presentan. Este inventario se está utilizando en las diferentes fases de la tramitación judicial, tanto en menores con medida judicial impuestas por el juzgado, como con los que todavía se encuentran pendientes de audiencia y con los que se ha de determinar cual es la medida educativa más adecuada.

Existen numerosos factores a tener en cuenta a la hora de realizar una valoración de riesgo de delincuencia del joven. Con la finalidad de obtener un protocolo unificado se han estudiado las necesidades criminógenas, es decir, aquellos factores que son cambiantes, que se oponen a los factores de riesgo estáticos, es decir, aspectos pasados del delincuente como su edad o su historial delictivo, que no pueden ser modificados. Las actitudes del sujeto, las habilidades de resolución de problemas, por ejemplo, son factores que predicen la reincidencia, y a la vez, objetivos de cambio modificables que han de constituir las metas de intervención.

El IGI-J se trata de un cuestionario compuesto por 8 áreas:

1)      Delitos y medidas judiciales pasadas y actuales;

2)      Pautas educativas;

3)      Educación formal y empleo;

4)      Relación con el grupo de iguales;

5)      Consumo de sustancias;

6)      Ocio/diversión;

7)      Personalidad/conducta; y

8)      Actitudes, valores y creencias.

Investigación realizada por la Gendarmería de Chile

Entre las principales conclusiones del estudio, se ratifica que existen mayores niveles de reincidencia cuando las condenas se cumplen íntegramente (42,8%), y que éste porcentaje baja drásticamente en aquellos segmentos de población penal que han sido objeto de algún beneficio que les permita reducir su condena, como es el caso de la libertad condicional (13,8%) o los beneficios intrapenitenciarios que otorga Gendarmería.

Está también el hecho que las mujeres tienen casi idéntico nivel de reincidencia que los hombres; y que el segmento entre 18 y 29 años es el que mayor nivel de reincidencia tiene. A mayor edad, menor nivel de reincidencia.

Finalmente, otro dato relevante es que la reincidencia es más alta y se focaliza en el segmento que agrupa las penas inferiores a 6 meses, lo que minimiza las posibilidades de intervención, dado el poco tiempo para desarrollar un trabajo adecuado.

La rehabilitación de los delincuentes y la prevención de la reincidencia son un aspecto integrante de toda política local de seguridad. Si bien los sistemas estatales de justicia penal desempeñan un papel preponderante en la decisión y la aplicación de sanciones, las ciudades tienen una función importante que desempeñar, proponiendo alternativas y medidas de apoyo comunitarias, y también buscando cómo satisfacer, de forma equilibrada, las necesidades del individuo y de la comunidad, de la víctima y también del delincuente.

Si bien es cierto, todos los países están comprometidos a luchar contra el crimen. No obstante  las tasas de delitos, crímenes, robos y todo acto que quebrante la ley siguen siendo desorbitadas. Las cifras no serán similares en todos los países pero los datos, cifras e información recabada, hablan por si solos.

Fuentes:

1. Teorías implícitas sobre la estabilidad de la naturaleza humana y del entorno social, y su relación con la reincidencia delictiva en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de la Comunidad de Punta Arenas. 

2. Comportamiento delictivo reincidente. Análisis diferencial de la variable edad.

3. Estudio modelo y medición de la reincidencia de adolescentes y jóvenes infractores de la Ley Penal.

4. Un medida del riesgo de reincidencia en menores infractores.

5. Martínez de Zamora, Antonio. La Reincidencia. Universidad de Murcia.

6. Gendarmería realiza estudio de reincidencia.